Durante décadas, la conversación sobre la sauna ha girado en torno a un solo número: la temperatura. Ajustamos el termostato a 80, 90 o 100 grados y damos por hecho que ese dato lo dice todo sobre la experiencia y sobre lo que le ocurre a nuestro cuerpo. Un nuevo estudio científico acaba de demostrar que esa foto está incompleta. La humedad —eso que en Finlandia se genera al lanzar agua sobre las piedras, el famoso löyly— no es un simple detalle ambiental: es una fuerza independiente que moldea la respuesta fisiológica del organismo, por encima y por separado de la temperatura.
Un estudio que hace algo que ninguno había hecho antes
La investigación, publicada en julio de 2026 en la revista científica Temperature y realizada por la Universidad de Jyväskylä y el KIHU (Instituto Finlandés del Deporte de Alto Rendimiento), logró algo aparentemente sencillo pero sorprendentemente raro: medir con la misma precisión, y de forma simultánea, lo que ocurre dentro de la sala de sauna y lo que ocurre dentro del cuerpo humano, y después conectar ambos conjuntos de datos.
Hasta ahora no se hacía así. La mayoría de estudios previos medían las respuestas del cuerpo en ambientes descritos de forma vaga —«sauna seca», «calor intenso»— o estudiaban el ambiente sin datos fisiológicos detallados. Este trabajo une las dos mitades. Harvia aportó la infraestructura y la experiencia en medición ambiental, capturando temperatura y humedad en seis puntos distintos de cada sauna a lo largo de cada sesión. El KIHU y la universidad aportaron la medición del cuerpo: cápsulas ingeribles para la temperatura interna, sondas cutáneas, monitorización continua del ritmo cardíaco y las herramientas estadísticas para dar sentido a todo.
Cómo se diseñó el experimento
De los 69 adultos sanos que participaron, 50 completaron el protocolo con datos válidos (32 hombres y 18 mujeres, edad media de 35 años). Nueve de cada diez eran saunistas habituales. Cada uno completó cuatro sesiones de sauna de 10 minutos, con descansos de 30 minutos entre ellas. Las cuatro saunas empleaban tecnologías de calentamiento distintas: eléctrica, de gas, de hidrógeno y de leña. Todas se ajustaron a unos 75 °C, pero los participantes eran libres de lanzar tanto löyly como quisieran.
Cada sauna llevaba seis sensores que registraban temperatura y humedad a dos alturas (0,90 m, altura del banco; y 1,73 m, altura de la cabeza) y tres posiciones horizontales. En el lado humano: temperatura corporal interna cada 30 segundos, temperatura de la piel en frente, pecho y pie, ritmo cardíaco durante toda la sesión y peso antes y después para estimar el sudor. Lo decisivo: cada lectura ambiental se emparejaba con los datos fisiológicos de ese mismo instante.
Lo que le pasó al cuerpo
En apenas diez minutos, el cuerpo reacciona de forma notable, por el simple hecho de estar sentado quieto en el calor. El ritmo cardíaco casi se multiplica y la temperatura interna empieza a subir.
El termostato no cuenta toda la historia
El primer hallazgo llamativo tiene que ver con la distancia entre el termostato y la realidad. La temperatura media del aire fue de 59,9 °C, no los 75 °C configurados: quince grados menos. A la altura del banco rondaba los 50,8 °C; a la altura de la cabeza, 69,0 °C. No es un fallo: refleja la estratificación térmica real de una cabina, algo que una única medición en la parte alta no puede capturar.
La humedad varió aún más. La humedad relativa media fue del 40,8 %, con sesiones que oscilaron entre casi secas y cargadas de vapor según cuánto löyly lanzara cada uno. Y un detalle revelador: donde uno se sienta hay más humedad que a la altura de la cabeza. A la altura del banco fue del 53,8 %, casi el doble que el 27,7 % medido a 1,73 m. El ambiente de una sauna no es uniforme: abajo hay menos calor pero más humedad.
El hallazgo clave: la humedad importa por sí sola
Aquí llega la aportación central. Tanto la temperatura como la humedad predijeron de forma independiente cuánto subían el ritmo cardíaco y la temperatura interna, incluso después de tener en cuenta sexo, forma física, porcentaje de grasa y tamaño corporal. La temperatura es el factor más potente, pero el efecto de la humedad fue claramente medible y estadísticamente sólido: una sesión seca frente a una con vapor generoso (unos 40 puntos más de humedad) supone unas 15 pulsaciones por minuto extra, solo por la humedad.
Por qué la humedad castiga más
El mecanismo es conocido en fisiología, pero rara vez se había cuantificado en una sauna real. Cuando el aire está muy húmedo, el sudor no se evapora bien, y la evaporación es la principal herramienta de refrigeración del cuerpo. Si ese canal se bloquea, el organismo bombea más sangre hacia la piel para disipar el calor y el corazón se acelera. Además, con humedad alta el vapor puede condensarse sobre la piel y liberar calor sobre ella. Resultado: más carga térmica con la misma temperatura del aire.
Lo que la gente sintió
La percepción de calor estuvo impulsada sobre todo por la temperatura, pero la humedad también tuvo un efecto independiente: una sauna más húmeda se siente más caliente aunque el termómetro marque lo mismo. El confort, además, mejoró a lo largo de las sesiones: los participantes se sintieron más cómodos en las rondas posteriores aun con condiciones similares. La tolerancia al calor se construye durante la sesión —algo que los saunistas experimentados conocen bien—, y curiosamente esa comodidad convivía con una tensión fisiológica igual de alta: sentirse a gusto no significa que el cuerpo trabaje menos.
La incógnita de la condensación
El estudio también puso a prueba si la condensación —cuando el vapor deposita calor directamente sobre la piel— tenía un efecto independiente. Los resultados fueron matizados: apareció una asociación débil con el ritmo cardíaco en algunos modelos, pero no consistente. Lanzar löyly cambia a la vez la humedad y el ambiente térmico, lo que dificulta aislar la condensación. Los autores reclaman estudios futuros específicos: entender la condensación sigue siendo una pregunta abierta.
Qué puedes hacer con esta información
La conclusión práctica es sencilla y a la vez transformadora: la próxima vez que entres en una sauna, no mires solo el termostato. El löyly no es un ritual decorativo, sino una palanca real que cambia la intensidad de la sesión. Aprender a gestionar la humedad —cuándo lanzar agua, cuánta y con qué frecuencia— te da un control mucho más fino sobre el estímulo que recibe tu cuerpo. Y si buscas una sesión más suave, recuerda que el banco bajo, más húmedo pero menos caliente, ofrece una combinación distinta a la de la parte alta.
Cómo aplicarlo en tu sauna
En RekoVital seleccionamos saunas tradicionales, híbridas e infrarrojas pensadas para que disfrutes del calor —y del löyly— con rigor y seguridad. Y para hacer visible lo que hasta ahora era invisible, el sensor inteligente myHarvia (de Harvia, el líder mundial en saunas) mide temperatura y humedad en tiempo real desde el móvil, sesión a sesión. No necesitas un laboratorio: basta con empezar a medir el vapor, no solo el calor.
Estudio: Laatikainen-Raussi I., Mikkola T., Ihalainen J. K. y Ahokas E. (2026). «Temperature and humidity independently influence thermoregulatory responses during Finnish sauna bathing». Temperature. DOI: 10.1080/23328940.2026.2698162. Universidad de Jyväskylä y KIHU. Infraestructura de investigación aportada por Harvia; fase de medición financiada en parte por Toyota Motor Corporation dentro de un proyecto sobre saunas de hidrógeno.